Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

anaP says

03/06/2008 GMT -4

anaP says: Anika

whatafuck @ 21:11

Anika

En un lejano lugar, en Inglaterra, vivía una pequeña niña llamada Anika, en una pequeña cabaña, entre campos verdes y muy silenciosos.
Un día la madre de Anika le ordenó que saliera al jardín a bombear un poco de agua y le dio una pequeña cubeta. La pequeña y curiosa niña salió y cuando sus grandes y verdes ojos vieron todo aquel espeso bosque, sus ojos brillaron. ¿Habrán sido aquellas mariposas multicolores, que pasaron sobre su cabeza hacia el encantador bosque, indicando el camino, las cuales la incitaron a seguirla? O acaso ¿Habrá sido la fuerte ráfaga de viento, que incluso la empujó un poco hacia adelante, la que le decía que debía entrar al bosque?. Fuera como fuera, la pequeña niña corrió hasta la cerca, todavía con la cubeta en la mano, la cual puso boca abajo justo frente de la cerca de madera vieja. Subió a la cubeta y saltó la cerca, haciendo un pequeño vestido ampón a su pequeño vestido azul el cual tenía un moño rosado en el medio, a causa del aire que había entrado debajo de él. La pequeña niña volvió la cabeza y miró la cabaña con sus brillantes ojos, en la cual por una ventana logró ver la oscura silueta de su madre. Volvió de nuevo la cabeza y vio ese resplandeciente bosque que esperaba por ella. Los rayos del sol se filtraban entre las innumerables hojas de los árboles. Anika comenzó a mover sus pies lentamente, uno delante del otro. Algunas hojas marchitas de color bronce, crujían bajo sus zapatos. Se escuchaban algunas aves que pasaban sobre ella. Anika no dejaba de admirar todos esos imponentes árboles rodeados de diferentes tipos de setas, de todos los colores. En una ocasión pensó haber visto un movimiento detrás de una de las setas, se quedó observando fijamente, pero después de ver que no era nada siguió caminando tranquilamente. Luego de un rato llegó a un pequeño riachuelo. Un gran tronco hueco de madera oscura, cruzaba de un lado del riachuelo hasta el otro. Anika miró aquel misterioso riachuelo. Miró a su alrededor. No se veía nadie por ahí, ni siquiera un pequeño animal. Aunque cuando había completo silencio, excepto por las turbias aguas del riachuelo, se escuchaban crujidos de varitas como los que hacía Anika al caminar por el solitario bosque. Pero cuando Anika buscaba el origen de aquellos extraños sonidos, éstos cesaban. Miró de nuevo el riachuelo. Rápidas aguas pasaban bajo el hueco tronco, que estaba sostenido sólo por una puntiaguda roca, además de las orillas del riachuelo. Anika se situó justo frente al tronco. Comenzó a escuchar múltiples pisadas acercándose más y más al riachuelo y por consecuencia, a ella. Alzó la vista y lo siguiente que vio fueron tres pequeños y extraños seres aproximándose al riachuelo. Daban un largo paso tras otro. Tenían los pies muy separados y orejas largas y puntiagudas como si hubieran creado una nueva especie de gatos y conejos. Los tres extraños seres llegaron junto al tronco. Uno de los tres seres se introdujo en el tronco y salió del otro lado del riachuelo, justo al lado de Anika. Uno de los tres seres era amarillo brillante, el otro era azul rey y el que había cruzado el riachuelo era de un violeta muy extravagante. Anika se preguntaba que harían los seres. Trato de acercarse al tronco y el ser que estaba junto a Anika (el cual la miraba muy fijamente a los ojos), se interpuso en su camino, negándole el paso al tronco. Anika se extrañó mucho. No tenía idea de lo que estaba tratando de hacer el pequeño ser. Anika retrocedió un poco y el ser se colocó de nuevo a su lado. Anika entro en el tronco pero los extraños seres que estaban del otro lado del riachuelo, giraron el tronco y éste se desacomodó y calló de la roca que lo sostenía, dejando a Anika dentro de él y permitiendo que la corriente se lo levara. Anika solo sentía bruscos movimientos que causaban que el agua entrara al tronco con Anika dentro. Pero al cabo de un pequeño lapso de tiempo, todo comenzó a calmarse. El tronco se detuvo y Anika salió alarmada. Los seres ya no estaban ahí. Había llegado a una parte del riachuelo en la que éste se ensanchaba mucho haciendo un pequeño lago. El tronco se había atascado con una roca. Anika saltó hasta la orilla del lago y miró a su alrededor. Vio tres rocas colocadas en línea por las cuales podría cruzar hasta la otra orilla. Saltó en una de las rocas. Pero cuando volvió a saltar, ésta no era una roca, era lo que parecía la parte de una cabeza, ésta comenzó a elevarse y Anika saltó a la orilla de nuevo. Miró a una criatura 5 veces más grande que ella. Pero eso sólo era la cabeza. Era verde y enorme, con unos extraños ojos amarillos, que miraban a Anika molestos. De repente la extraña criatura se alzó un poco más y luego se sumergió de nuevo en las profundas aguas del lago. Anika todavía no podía creer lo que había visto. Volvió la cabeza pensativa, y vio tres largas lianas. Pero éstas eran las lianas más extrañas que había visto Anika en su corta vida. Las hojas de una de ellas eran azules, las hojas de la otra liana eran rojas y las de la otra eran amarillas. Anika era una niña muy curiosa y se acercó a éstas. Tomó la liana de hojas azules y tiró de ella. Cayeron algunas hojas marchitas de lo alto del árbol en el cual estaban las lianas. Luego tomó la de hojas rojas y también tiró de ella. Sucedió lo mismo. Tomó la de hojas amarillas y también cayeron esas hojas de color bronce. A Anika le pareció divertido y comenzó a tirar de ellas alternativamente. Acto seguido hubo un gran estrépito, una niña en el suelo y un extraño ser frente a ella. Anika había caído. Al parecer había desatado a un gran camaleón de entre esas lianas, pues ahora estaban en el suelo. El extraño ser subió a una rama en el alto árbol. Anika se levantó y lo miró. El camaleón sacó la lengua, tan rápido como un látigo tomó a la niña con ella y la dejó en el otro lado del lago. La niña se despidió cordialmente y el camaleón desapareció. Cuando estuvo a salvo del otro lado del lago, volvió la cabeza y lo siguiente que vio fue la caña de pesca más grande que había visto en su vida. Un gigante la sostenía pero al parecer dormía profundamente. Anika vio unos pequeños arbustos cubiertos de vayas rojas. Corrió hacia ellos y tomó algunas de esas pequeñas bolitas que no se veían apetitosas. Las arrojó con algo de fuerza al pequeño lago y en ese momento cientos de peces comenzaron a saltar alarmados. Anika estaba sorprendida. Tomó unas cuantas más de esas vayas y corrió hasta una roca situada acorde a la caña de pesca del gigante. Subió a la roca y lanzó las vayas justo donde estaba la caña de pesca. Cientos de peces volvieron a saltar y de repente la caña de pesca se vio bruscamente tirada desde los adentros del lago. El gigante despertó alarmado y vio algunas vayas en la mano de Anika. Vio algunas otras flotando en el lago y comprendió lo que había pasado. Aquel gigante de barbas largas y oscuras miró bondadosamente a Anika. Tomó a la niña dulcemente y la colocó sobre una pequeña pero empinada colina. La inquirió una sonrisa de oreja a oreja y el gigante le correspondió. La niña levantó una mano y la agitó despidiéndose del gigante. El gigante hizo lo mismo todavía muy sonriente y siguió pescando. La niña comenzó a caminar. Pronto encontró unas escaleras formadas por varias rocas. Esta vez había setas por doquier. Pero las setas eran diferentes a las que había visto antes. Estas setas tenían ventanas adornadas con pequeñas cortinas. Las setas eran de su tamaño. Comenzó a subir por los pequeños escalones de roca. Al finalizar los escalones, llegó a lo que parecía un pequeño pueblo de setas, pero no había nadie ahí. Volvió la cabeza y vio una gran maquina con dos grandes y redondos botones: uno de ellos era azul y el otro verde. Anika presiono el botón verde. No pasó nada. Presionó el botón azul y de repente vio que algo se movía en lo alto de la máquina. Una gran bola de masa se aproximaba hacia la parte baja de la máquina. Cayó en una gran bandeja. La masa tomó la forma rectangular de la bandeja y después comenzó a moverse. Una cortadora gigante cayó sobre la bandeja y se levantó rápidamente. La bandeja seguía moviéndose. Llego a un lugar donde grandes contenedores caían y dejaban caer su contenido sobre la masa cortada en grandes círculos planos. Los grandes círculos, cubiertos de chispas de diferentes colores, cubiertas de una mezcla de extraña consistencia y algunos otros ingredientes, fueron llevados hasta un horno gigante. La bandeja salió y llevó rápidamente el contenido hasta un depósito gigante y transparente. Dejó caer las galletas ya listas y regresó de donde vino. Anika vio unas grandes escaleras y se introdujo en el depósito lleno de las galletas recién hechas y tomó una de ellas. Se veía deliciosa. Era la galleta más grande que había visto en su vida. Se la llevó a la boca y le dio un gran mordisco. En verdad era deliciosa. Tenía chispas de chocolate blanco y clásico. Decidió guardar el resto de la galleta, así que la partió en cuatro e introdujo dos trozos en uno de sus bolsillos. Hizo lo mismo con los otros dos. Salió del enorme depósito que parecía un galletero, y encontró unas segundas escaleras de roca. Subió y al llegar a la cima de la colina se encontró con un nido de águila. Pero no era un nido de cualquier tipo de águila. Se encontró con un águila enorme, pero al parecer estaba muy débil. Se acercó un poco para verla mejor, y entonces salieron tres pequeñas crías chillando hambrientas. Anika recordó la galleta que había guardado. Metió la mano en sus bolsillos y tomó el trozo más grande de la galleta. Se la acercó al águila quien la tragó rápidamente y pareció recuperarse de inmediato. Tomó los otros tres pequeños trozos y se los dio a las pequeñas crías. La gran águila se puso de pie. Estiró sus grandes alas y tomó a Anika por los hombros. Comenzó a volar cuesta abajo. Anika podía verlo todo desde allí arriba. Miró la gran máquina de galletas y pequeñas personitas llevando de allá para acá todo tipo de galletas. Luego vio de nuevo la tercera roca que cruzaba el pequeño lago, y unos grandes ojos donde había desaparecido el camaleón, pero éstos no tenían cuerpo. Después vio de nuevo a los tres seres de orejas puntiagudas. Ahora habían encontrado otro tronco más grande y lo giraban tratando de que no perdiera el equilibrio. Al ver a Anika saludaron y Anika correspondió el saludo. Al fin llegó a la cerca que separaba su pequeño hogar con aquel enorme bosque. El águila la dejó suavemente sobre el pasto y levantó el vuelo de nuevo. Anika agitó la mano despidiéndose. Vio por última vez ese bosque y miró su casa. La cubeta seguía ahí. Subió a una roca y saltó al otro lado de la cerca. Tomó la pequeña cubeta y bombeó un poco de agua. Tocó la puerta de su casa y su madre abrió. Anika entró feliz a su casa preguntándose cuando sería la siguiente vez que visitaría a los extraños seres de ese lugar.

Comentarios

No hay Comentarios »

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>

Archivo | ¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis